Murciana, 28 años, cuadriculada, sensible y poco dada a la improvisación. Pasamos una tarde al lado de Eme de Mati, delante de un café, compartiendo un pedazo de sus experiencias.

¿Cómo llegaste a pintar en la calle?

Pues llegué después de mucho mirar. Soy curiosa, y a la vez muy tímida. Me encantaba ver cómo la gente pintaba y el resultado de lo que hacía. Me llamaba mucho la atención.

¿Cómo era el ambiente en tu ciudad por aquél entonces?

En Murcia, en ese momento había bastante movimiento, había muchos muros pintados. Yo soy mitad de Murcia y la otra mitad de Aguilas, un pueblo donde también hay bastante graffiti. Hay dos o tres grupos de gente que pinta.

Llama la atención porque a pesar de ser pequeño, hay mucha actividad. Se organizaban jams y yo iba a hacer fotos. Más tarde, ya un poco más mayor, empecé a viajar, y prácticamente lo hacía mirando a las paredes. Tags, muros… Se convirtió en una obsesión.

¿Cómo y cuándo fue tu estreno en un muro?

La primera vez fue  con una amiga, éramos unas niñas. Fuimos en su scooter a la autovía. Pintamos a intervalos en la mediana pues el tráfico era denso. Estábamos muertas de miedo. Mi amiga ahora vive en Italia, ya no pinta, tatúa.

La chispa creativa… ¿cómo se prende en tu caso?

Para mí empieza con los sentimientos. Soy muy ñoña. Dependo de mis estados de ánimo. Una idea se me insinúa en la cabeza, y de ahí no sale hasta que la saco  sobre papel. El desencadenante es mi mundo cercano, mi día a día, o el de mi gente. No hay pensamientos trascendentales como por ejemplo «salvar al mundo». Simplemente necesito expresar lo que me pasa mediante un dibujo, o unas letras.

¿Cuál es tu punto débil y tu punto fuerte a nivel creativo?

Mi punto débil es la técnica. Nunca he estudiado ni me ha enseñado nadie. No he tenido valor para hacerlo y me machaco con esa limitación. Conozco mis limitaciones. Sé hasta dónde pueden llegar mi mano y mi cabeza, y la verdad es que me gustaría mejorar eso.

Por otro lado mi punto fuerte es que tengo muy claro qué quiero y cómo lo quiero. El proceso es lento, pero sé cómo quiero que sea mi estilo, lo que quiero expresar y cómo hacerlo.

«Dependo de mis estados de ánimo. Una idea se me insinúa en la cabeza, y de ahí no sale hasta que la saco  sobre papel»

¿Funcionas en base a un plan?

No tengo un plan pero sí tengo un sueño. Sueño con poder dedicarme a la ilustración pero con mi estilo. Que la gente me ofrezca trabajo porque le guste lo que hago. He vivido de cerca el mundo del arte y soy consciente de lo difícil que es vivir de él. Es apasionante pero difícil y yo soy muy realista. Sé que ese tipo de vida se puede mantener durante un año o dos, pero me tengo que ganar la vida y me gusta trabajar. Soy muy responsable, muy formal, así que la ilustración es un sueño más asequible.

Por otra parte no soy ambiciosa, y aprendo algo cada día, pero sin una dirección concreta.

¿Qué te quita el sueño?

Los problemas personales, mi familia.

¿Y qué te hace  sentir invencible?

Pintar, es lo único que me llena. Para mí son momentos perfectos, se olvida todo lo demás.

«Pintar es lo único que me llena. Para mí son momentos perfectos, se olvida todo lo demás»

¿Cuál ha sido la experiencia que más te ha marcado pintando?

Un muro en Francia, en un festival de música y graffiti. Era enorme, yo no estaba en mi mejor momento y me lo tomé como un reto. Creí que no iba a conseguirlo, y cuando lo acabé se me saltaron las lagrimas. Me emocioné en plan loca (risas) pero lo acabé. Fue un sacrificio.

¿En quién te inspiras, o en qué te fijas?

Pues no me suelo fijar en nadie. Me lo han preguntado varias veces, y la verdad es que lo único que me inspira es la música. A veces, tengo recuerdos no sé si reales o inventados de mi infancia, a los que recurro cuando tengo que dibujar algo pero no soy de fijarme en otras personas.

¿Cómo es tu método de trabajo?

La mayoría de veces me creo una burbuja: me encierro con música y café y me pongo a dibujar. Otras, estoy haciendo cualquier cosa, o a punto de dormir y de pronto, viene una imagen y tengo que apuntarla para que no se me olvide; cosa que me suele pasar si no lo apunto. Llevo en el bolso una libreta donde anoto todo eso.

En realidad mis bocetos son muy básicos. Dibujo porque quiero aprender a hacerlo mejor, pero sufro bastante porque lo que quiero es pintar.

De donde vienes, que no hay problema para pintar, a Barcelona donde resides actualmente, ciudad  que tiene una ley cívica desquiciante, ¿cómo lo llevas?

Yo la verdad es que he llegado y ni he intentado pintar. Todo el mundo me ha metido miedo con la situación que se vive. No lo llevo demasiado bien; echo de menos pintar a mi ritmo, porque estoy acostumbrada a pintar sola en cualquier sitio, en medio del campo, muy a gusto, las horas que quieras.

¿Cómo definirías tu estilo, lo que haces?

Yo hago lo que puedo. Dentro de mis limitaciones técnicas doy lo máximo de mí.

Tengo mucha energía, y soy muy constante. Definiría mi trabajo como muy simple pero muy cargado de intenciones. Es la simplificación de un cúmulo de sentimientos en un dibujo o una frase.

Quizá parezca un poco infantil o inmaduro, pero es bastante más complejo que eso. Creo que es simple y profundo; pongo mucho de mí en lo que hago.

¿Qué te ha aportado el street art o el graffiti?

Desde que pinto he ganado mucha experiencia, he viajado, he conocido artistas, y he hecho amigos. También he ido poco a poco perdiendo optimismo, pues soy consciente de lo difícil que es conseguir un trabajo que interese a la gente, que guste. Al final,  me he dado cuenta de que tengo que crear para mí, aunque me sienta un poco incomprendida.

¿Qué te ha traído a Barcelona?

Siempre he soñado con vivir en Barcelona una época. Pienso que he llegado un poco tarde, para mí y para la ciudad, o al menos eso parece. Antes, cuando venía aquí, era una alegría, con todo pintado, pero ahora… La ciudad me encanta y pienso que aquí tendré unas oportunidades que en el sur no hay. Me va a venir bien estar una temporada.

¿En qué otro lugar te imaginas viviendo?

Me encantaría vivir un tiempo en Estados Unidos, en Los Angeles, aunque hoy por hoy lo veo muy lejano. Viví dos años en Italia, uno en Roma en el 2005 y el año pasado en Turín, pero mi relación con Italia es de amor-odio, porque por un lado la historia y el arte son increíbles, pero luego el día a día no me acababa…

¿Qué estás haciendo en Barcelona?

Estoy estudiando ilustración. Hace años acabé de estudiar en la universidad y nunca había estudiado nada que me gustara ni tuviera algo de creativo, así que decidí apuntarme a un postgrado de ilustración de un año.

Además de los estudios, ¿en qué andas metida?

Hago ilustraciones por encargo, diseño camisetas, participo en pequeñas exposiciones y estoy interesada en el mundo infantil: la ilustración, la decoración, la ropa de niños… He dado muchos talleres de graffiti para niños y es un mundo que me gusta bastante.

¿Preparas alguna exposición con tus trabajos?

No, la verdad es que no me gusta pintar en lienzo. No me tira demasiado. Además el arte no es fácil de vender y al final acabas acumulando un montón de cuadros. Prefiero pintar en la calle.

¿Preparas de alguna forma especial tus muros?

Soy muy metódica. Un poco cuadriculada. Por norma, primero busco las localizaciones, les hago foto y más tarde en casa preparo un boceto para los muros que he visto antes. Cuido mucho el entorno, las luces. Me cuesta improvisar, por eso no soy muy amiga de las exhibiciones. Te dan un espacio y tienes que hacer lo que puedes con él. A ver, tengo unos cuantos bocetos para muros «improvisados» pero no me entusiasman demasiado, no los disfruto tanto.

Espero pasar estas navidades en casa, y allí pintaré todos los días. Ya tengo unos cuantos muros esperando su boceto.

Con esta idea en mente, el deseo de que encuentre su lugar en la ciudad y las imágenes de su trabajo, la conversación se fue diluyendo hasta el momento de la despedida.

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