Hace poco, Kapi publicó en su Instagram una reciente fotografía de un muro realizado junto a Dare en 2004. Después de 9 años las piezas seguían intactas, demostrándose que ese concepto del que hablamos con melancolía, el «respeto», es algo que no ha muerto todavía.

La cuestión es que la presencia de estas piezas, que podemos calificar de históricas, ha hecho que Kapi rememore una de las acciones que compartió junto a Dare. Un honesto homenaje a este añorado rey del Wildstyle.

Descanse en paz Dare TWS.

«Hoy circulaba dirección a Sabadell y crucé el pueblo dónde hasta hace unos pocos años vivía, Sant Quirze Del Vallés. Justo en la estación de Ferrocarriles Catalanes, bajo un puente, dejé caer la vista y ahí estaban, mejor dicho, ahí seguían esas 2 piezas pintadas, ahora hace nueve años, como si de una página de mi diario se tratase. «Dare» en la esquina, «Kapi» al lado, con un poco de espacio en medio, bien limpio, sin fondo, el muro era virgen hace 9 años. Hoy está bastante completo, entre otras piezas y numerosos tags, incluso algunos que rodean nuestra obra, pero sorprendentemente no parece haber nada que mancille aquel legado.

Ni siquiera el sol ha podido con aquellos maravillosos colores de la gama Alien que acababan de salir, Azul Mónaco y sus aledaños. Un poco de suciedad por los desagües naturales de la lluvia, pero nada grave.

Paso el túnel circulando algo más lento de lo habitual en aquella carretera, 25 kms/h y decido pararme, sin pensar, instinto puro.

Aparco en el arcén y agarro el Iphone con el que haré unas fotos para tratar de retener lo que siento y lo que recuerdo.

 

No creo que fuese la primera vez que Dare vino a visitarme a casa y a pasar una semana de sus vacaciones por estas tierras, pero fue la primera vez que compartimos el graffiti con tanta intimidad, salimos unas cuantas noches a hacer muros «no muy legales», de autopistas y túneles de este tipo.

 

Este lugar estaba muy cerca de casa aún así tuvimos que coger el coche para no caminar sospechosamente cargados de pintura y vestidos como ladrones por en medio del pueblo.

 

Dimos un par de vueltas, vigilamos un rato, cerca de la estación, no había movimiento, parecía seguro, el lugar además tenía unas sombras muy marcadas que producían las típicas luces nocturnas de la calle y justo ahí donde más oscuro estaba, decidimos que pintaríamos. No todo el mundo puede pintar en un lugar dónde apenas se ve nada ni se distinguen los contrastes y esperar que el resultado sea óptimo, Dare si podía, era simplemente perfecto, yo tuve más dificultades pero mis años de cocheras me habían dado un acondicionamiento mínimo… y pude.

 

Cuando estábamos marcando, 2:30 am, una luz tipo nave de control de Terminator en el futuro, aparece por un extremo de la vía sobre la que estábamos. ‘Don’t panic!’ nos repetíamos en susurros el uno al otro. Si viniesen por nosotros no irían tan despampanantes en luz y ruidos. Era el típico vagón de trabajo de vías, lo sabíamos los dos sin necesidad de decirlo, allá en su Suiza natal, en Basilea, también tenían muros en las vías. Cruzamos sigilosamente la zona de seguridad visual y nos acurrucamos en los matorrales, mucho calor, íbamos con mangas y pantalones largos porque sabíamos que había un pedazo de bosque entre carretera y muro y así evitaríamos arañazos. Llegaron a la estación, que estaba a unos escasos 50 metros del ‘spot’.

 

Se pararon allá y se pusieron manos a la obra, un montón de operarios y un montón de luz, peo había algo a nuestro favor, también llevaban consigo un montón de ruidos. Decidimos arriesgar, no nos buscarán, nos nos verán, seamos más ninjas que nunca, como en los trenes de los cuales ambos ya habíamos recibido apropiado entrenamiento. Y así en una hora terminamos aquella aventura. Sin incidentes. Dejamos las bolsas con la pintura restante tiradas al otro lado de la altísima valla. Salimos por el agujero de entrada y nos fuimos caminando tranquilamente hacía el coche, limpiando los restos y las evidencias de nuestras manos y ropa, como podíamos (sobre todo plantas y matojos).

 

Subimos al coche y pasamos por delante de la valla dónde, casi con paciencia, descansaban nuestras bolsas llenas de pintura y así prácticamente sin bajar del coche, abriendo la puerta, las cazamos y nos fuimos a casa. Que buena sensación, es el momento de hermandad más elevado que se puede tener con un amigo que también escribe graffiti. Dare, tantas aventuras previas y posteriores que hoy no me vinieron a la mente pues ésta fue la aventura que llamaba a tu recuerdo.

 

Descansa en paz amigo y gracias por todo lo que nos has aportado a la comunidad del Graffiti, esa que tanto amaste y que tanto te ama.»

Texto por Kapi.

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