Volvemos a retomar la sección ‘Tales From The Underground‘, y para esta ocasión contamos con un veterano de la escena hawaiana: Katch1 de Oahu. Aficionado a los tradicionales trenes de mercancía su historia rememora una complicada fuga de la policía con un desenlace inesperado… No os lo perdáis.

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Un día en la escuela de verano un amigo mío vino a clase con el nombre de su novia dibujado con letras de graffiti gruesas y llenas de flechas en su carpeta, me quede completamente atrapado. Esa misma noche, con pintura barata de color rojo y negro hice una pieza de «Chill» bajo un puente de donde vivía.

Finalmente graduado y trasladado a San Francisco y finalmente a Los Angeles para conseguir trabajar en algo relacionado con el graffiti. Acabé trabajando en Conart, una marca de camisetas enfocadas al mundo del graffiti. Durante mi estancia en L. A. empecé a pintar trenes de mercancías, así conocí a Just 195, mientras saltaba la valla para fotografiar uno de mis wholecars. Fue a través de él como conocí a muchos escritores más de L.A. y fui a muchas cocheras.

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Una noche en la cochera principal de mercancías de L. A., después de dejar las latas enfrente del tren, me giré para compartir una cerveza con mi compañero, Just 195. Cuando caminaba hacia donde él estaba no le veía cerca del tren, así que supuse que estaba en el otro lado del vagón, pintando en la siguiente vía.

Cuando fui a saltar sobre los acoples de los vagones para encontrarle, una luz brillante me cegó los ojos y escuché a alguien gritar. «Alto ahí». Lancé mis brazos al aire y me quedé quieto. Justo al lado del acople había un policía.

El agente estaba literalmente a un pie de distancia de mi, pero no me podía agarrar físicamente por que los acoples estaban entre nosotros. El soltó: «¡Poco a poco pon la manos sobre el tren!» Y poco a poco dejé caer mis manos y en cuanto mis manos tocaron el acople, por instinto, las retiré, di media vuelta y comencé a correr.
Pude oír al policía gritar «¡Está corriendo! ¡Se va! ¡Se va!» mientras yo corría por las vías y sobre los acoples entre trenes. De alguna manera mágica termine en un sito en el que había un enorme agujero en la valla que bordeaba el río de Los Angeles (enorme canal construido por la mano del hombre para conducir el agua de las fábricas).

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Salté la valla rápidamente y corrí hacia el cauce del río. Justo antes de llegar a la orilla, me di la vuelta para ver si me estaban siguiente, por que no quería de ninguna manera pasar por esas aguas. A través de la valla vi un policía luchando por atravesarla.
Me giré de nuevo y en cuanto puse un pie en el agua resbalé con una capa de musgo y me caí de culo. Escuché a Just chapotear detrás de mi y juntos intentamos nadar por el río y arrastrarnos hasta la orilla. Nuestra ropa se había vuelto húmeda y muy pesada por lo que era difícil caminar.

Había una valla en la parte superior de la orilla del río y medio salté, cayéndome desde arriba. Aterricé en un enorme agujero en el barro seco hecho por los neumáticos de un camión y me torcí el tobillo.

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Cojeé hacia un callejón entre dos naves industriales, planeando colarme en algún sitio para descansar un poco. Justo cuando iba a saltar la valla, por el rabillo del ojo vi luces de policía viniendo por la carretera. Inmediatamente me dejé caer detrás de una pequeña jardinera en frente de un almacén de la calle principal. Podía ver a través de los arbustos y vi varios coches de policía peinando la calle muy despacio, yendo y viniendo… pero sin salir de los coches.

Me senté allí congelando con mi ropa mojada durante dos horas hasta que todo se tranquilizó un poco. Me arrastré por el callejón y a través de un puente de las vías esperé me escondí bajo un tren que estaba cerca de mi coche esperando una hora más.

Cuando volví al coche había una tarjeta de visita en el parabrisas, enganchada en los limpiaparabrisas, junto con el boceto que dejé con mi pintura. La tarjeta era una tarjeta de visita de la policía. Decía: «Queridos chicos malos, sabemos vuestra cara, y sabemos donde vivís. Nos veremos pronto. Firmado, los buenos.»

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Por suerte, el coche que conducíamos era del amigo de un amigo.

En cuanto a mi amigo Just 195… Se cortó con un alambre de púas mientras escalaba por una fábrica. Una vez dentro pidió a alguien que le dejaran utilizar el lavabo para poder limpiar su corte. Le dijeron «¡Claro!» Pero al salir del almacén la policía le estaba esperando. Le detuvieron por allanamiento sin poder conseguir nada más. Le dijeron: «Tu amigo tuvo mucha suerte…»

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