El pasado jueves pudimos comprobar que la serenidad de Aryz aloja un mundo tumultuoso, de una sensibilidad febríl en sus cuadros y su piezas.

Pasearse por la galería es como darse un paseo por sus tripas. Eso sí, unas entrañas de colores expuestas con mucha clase. Técnicamente brillante, estéticamente incómodo, Aryz es un artista que convence a público y colegas, más allá de etiquetas, y reglas.

La galería llena hasta la bandera: muy buena música, conversaciones y algo fresco para seguir al pie del cañón.

Todo un éxito. Felicidades Aryz.

* Fotos por Rodrigo Mirando.

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