De todos los regalos que nos ha traído el festival ‘Octavo Asalto‘, la producción de Wesr Figueroa ha sido, probablemente, la más singular.

Siguiendo la contraria al resto de participantes, el artista peruano ha pintado horizontalmente decorando el suelo de un camino a orillas del río Ebro, bajo el Puente de Piedra.  En el fondo de la escena, la Basílica del Pilar se erige como emblema de la ciudad de Zaragoza, haciendo de la imagen una de las mejores postales de este festival. En ella obra y paisaje, lo antiguo y lo nuevo, lo local y lo internacional, comulgan a la perfección.

No es la primera vez que Wesr Figueroa lanza la pintura hacia el suelo, pero hacerlo en una superficie de tránsito ha supuesto una novedad:

Descrubrí que la gente interviene en la pintura sin darse cuenta, se meten en ella y la obra está en constante cambio. Nunca está terminada por mi, yo sólo hago una parte y la gente la completa.
Era muy divertido ver a la gente correr o pasear sobre mi pieza.

Desde el punto de vista estilístico, las influencias del limeño son evidentes, pero el trabajo vertical ofrece también posibilidades técnicas únicas:

Siempre dibujo figuras basadas en máscaras del folklore peruano, pues de ahí vengo. Mi inspiración gráfica viene en buena parte de ahí. Lo único que cambio es la manera de pintar según el soporte y materiales. De hecho, el trabajo en cuadros me ha servido mucho para ejecutar esta obra; en esa posición hay texturas que no se pueden producir en vertical.

Mi pintura se nutria de mi experiencia en la calle y ahora sucede lo contrario. Me parece bien. Seguro que en otro momento volverá a tener más fuerza la influencia de la calle.

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