El cambio de milenio supuso un punto de inflexión en la cultura occidental traducido en una estética futurista y tecnológica. La democratización de internet y los rápidos avances en el terreno de la informática exigían una nueva tendencia estética alimentada por las narraciones cinematográficas sobre el tema. La reciprocidad entre sociedad y graffiti volvió a provocar un fenómeno que se tradujo en la popularidad de un estilo concreto de graffiti, azuzado también por el auge del diseño gráfico como las salida laboral de los escritores de graffiti. Se trata del estilo tridimensional, 3d o “model pastel”.

Esta tendencia partía del objetivo de conceder a las letras un efecto tridimensional realista, utilizando la técnica claro/oscuro. Un estilo de difícil realización teórica y práctica que, en su correcta ejecución, ofrecía un resultado sorprende incluso a personas sin conocimiento en la materia.

A pesar de tratarse de una modalidad de graffiti, como tantas otras, creada en Nueva York, los estandartes del estilo comenzaron a aparecer en la Europa alemana, coincidiendo con el asentamiento de la explosión del graffiti en el viejo continente y su puntual profesionalización y extendiendo por el resto de países: Daim, Loomit, Seak, Neck (Alemania), Toast (Suiza), Insa (Reino Unido), Peeta (Italia), Okuda (España)…

Pero como todas las tendencias estilísticas son cíclicas y las nuevas rechazan lo establecido, la moda de los estilos retro que se popularizaría en la segunda mitad de los ’00 sepultaría al 3dl, tachándolo de estilo pretencioso y alejado de la pureza del graffiti original. En definitiva, una locura propia del efecto 2000. No obstante, algunos escritores, como el caso de Lovepusher, permanecieron fieles al movimiento por haber convertido dicha tendencia en su propio marca personal.

Una nueva moda llegaría en los años 10’s que volvería acercarse a la idea fundamental del 3d. Los brillos y efectos cromados comulgarían con esta voluntad de dar al graffiti una estética realista que impresionaría a un público generalizado. Este último aspecto sería exacerbado por la masificación de graffiti en Instagram de la que deriva la fiebre del “like” fácil. Gracias a escritores que por su constancia han dejado claro que el 3d no es una moda, junto con la lucha de egos aplicados a Internet en su difusión popular, que vuelve a reflotar el graffiti efectista, todo apunta a que llega una nueva era para las letras tridimensionales. Aunque puede que sólo se en forma de efectos concretos… más minoritaria, sensata y personal.

Texto por Alberto F.

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