Pedacitos de realidad. Así podríamos describir estos asombrosos dioramas, rincones urbanos donde el graffiti es protagonista. Tras alguno de ellos se esconden situaciones que nos hablan de sus autores o otros que trascienden la anécdota para formar parte de nuestra historia con mayúsculas.


Una de las frases más recurrentes estos días de pandemia es esa que empieza así: “vivimos una época llena de incertidumbre…”. Dejando de lado el “ombligocentrismo” de esa asertación, pues para gran parte de la población del planeta vivir en la incertidumbre es su día a día, y llevándola a nuestro terreno, la cultura urbana que compartimos, vemos que no es para tanto.

Nosotros hace mucho tiempo que nos tapábamos la cara con máscaras, usábamos guantes y en general practicábamos el “distanciamiento social” tan en boga.

Si bien es cierto, que el confinamiento ha afectado a los países del mundo de manera distinta, y que en mayor o menor medida la situación nos ha apartado de la calle, eso no ha frenado la creatividad de millones de escritores y artistas.

En este caso, nos fijamos en unos artistas que nos traen la calle a casa, con unos dioramas que trabajan con fidelidad el entorno urbano. Desde Mallorca, Bélgica o Montreal, estos artistas comparten directa o indirectamente una maleta cultural.

Disoh desde Mallorca, nos comenta: “la de la puerta de mi estudio es la primera que hice de la vida real escala 1/10, pero tengo en proyecto hacer réplicas de la realidad, es muy divertido buscarte la vida para poder construir en miniatura, y luego pintarlas es una gozada.”

Kévin D’Alenti, belga de origen, nos transporta con cada uno de sus dioramas a las calles de Nueva York, capturando su esencia de una manera muy vívida y palpitante, haciendo díficil distinguir entre realidad y ficción con su perfeccionismo.

El caso del canadiense Sam Evangelista, nos explica como surgió la idea de crear este boombox: “En mi trabajo diario, tengo un amigo que se convirtió en una especie de socio comercial. Hicimos un proyecto juntos, él se montó un negocio de bicicletas y terminé pintando bicicletas para él. Un día estábamos hablando de la escena del graffiti de Montreal y me contó él era un buen amigo con Scan, por lo que probamos a organizar una colaboración de cualquier tipo con él. Lamentablemente nunca sucedió y Scan falleció. Mi amigo estaba muy triste por la pérdida.”

“Yo quería construir algo agradable para que él recordara a su amigo perdido. Nunca había creado una construcción a esa escala, pero le di una oportunidad, ya que le quería que fuese impresionante. Inicialmente habría sido mucho más pequeña, pero después de imprimir la obra de arte me di cuenta de que iba a ser enorme. Así que usé un tablero de dm y varios materiales de desecho que recogí a lo largo de los años. Cuando llevaba la mitad de trabajo hecho, me di cuenta que iba a ocupar mucho espacio, y que sería mejor si la construcción fuese útil. Así que lo transformé en un boombox. Mantuve en secreto el proyecto durante casi 4 meses y finalmente se lo di como regalo de Navidad. Estaba sin palabras, realmente agradecido de que lo construyera como memoria de Scan y un recordatorio de que la amistad debería ser valiosa porque nunca sabemos que va a pasar mañana. Scan decía que el tiempo es oro y esa pieza representa esto.”

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