El neozelandés TOGO, a quien recordaremos por ser el autor de varios vídeos sobre escritores de graffiti (como Boroe o Twig), se pone delante de su propia cámara. Él se lo guisa y se lo come, creando un autorretrato audiovisual con su característico y sugestivo estilo, en el que aprovecha para enseñarnos la evolución experimental de su graffiti en diversas acciones por Europa. Hemos aprovechado para hablar con él a cerca de esta producción… así que aquí tenéis una breve entrevista.


¿Cómo se te ocurrió la idea de hacer un video sobre ti mismo?
Viajo solo, como solo, hago el amor solo, hago un video sobre mí.

-No es tu primera vez en Europa… ¿qué puedes decir de las peculiaridades de pintar trenes en Europa en comparación con otros lugares como Nueva Zelanda?
Europa tiene una actitud muy abierta respecto al graffiti y la pintura. Esta perspectiva la hace divertida, agradable y mucho más accesible que en otros lugares. Cuando llegué, estaba charlando con un hombre de negocios que en broma me daba consejos sobre los lugares. Eso nunca sucedería en casa. Todo el mundo parece más acogedor y apreciador de la forma de arte, lo que a su vez hace del lugar un importante centro artístico y cultural.

-¿Has pintado solo todas las acciones? ¿Por qué?
Pinté allí con los hermanos Flues y Osco, pero todas las acciones de este video están solas. La mayoría de las veces pinto solo, disfruto el desafío y la incomodidad de ello. No hay nada como profundizar en lo desconocido por ti mismo.

-¿Has grabado todas las acciones por tu cuenta?
Sí, sólo ponía la cámara en una roca y empezaba.

-Pintura y filmación… ¿cómo logras un buen equilibrio en ambas áreas?
Normalmente me gusta hacer una cosa o la otra. Pintar y filmar a la vez es lo peor. Estás en esta intensa misión mientras intentas trabajar todos estos otros aspectos como ángulos, iluminación, isos y aperturas. Estás mirando esta pantalla sin prestar atención a lo que sucede a tu alrededor. Se hace, pero no diría que exista un buen equilibrio cuando se intenta hacer ambas cosas.

-¿Cómo eliges las circunstancias de la grabación y la forma de hacerla? ¿Piensas en qué transmitir y filmas o es algo más espontáneo?
Todo es imprevisto e instintivo. Tiendo a filmar todo y a ocuparme de ello más tarde. Si una historia comienza a surgir, entonces pienso más en cómo desarrollarla, pero aún no he encontrado una comedia romántica en esta tontería del graffiti.

-¿Tuviste algún problema o persecución?
Nada intenso. En el video de Bélgica, acababa de terminar mi pieza cuando un coche de seguridad se detuvo. Rápidamente corrí y me subí a mi bicicleta que estaba escondida en los arbustos. Estaba bajando por el camino hacia la carretera cuando vi una luz azul parpadeante delante. No estoy muy seguro de lo que era, pero no me arriesgué, así que di la vuelta y volví al coche de seguridad. Era el momento perfecto, ya que debían estar en las vías, así que pasé por delante del coche y continué por el camino. Había un pequeño gato negro delante que corría hacia los arbustos, así que lo seguí hasta allí y, con mi nuevo amigo, esperé durante una hora mientras me deshacía de todos mis latas y boquillas. En este tiempo empezó a llover mucho y mi teléfono se quedó sin batería, así que cuando finalmente salí estaba súper empapado y maravillosamente perdido. Fue una noche larga pero muy exitosa.

-¿Y algún contratiempo con tu material?
Me detuvieron en la frontera alemana y registraron mis maletas. Estaba dibujando porque mi bolsa contenía montones de pintura en aerosol y una cámara llena de imágenes y grabaciones. Abrieron mi bolsa y encontraron que una de las latas había explotado y apestaba. Rápidamente la volvieron a cerrar y me dijeron que me fuera. ¡Uf!

-Hablando de tu graffiti… ¿qué tipo de influencias te han llevado a hacer el estilo experimental que muestras en el video?
Vengo de una pequeña ciudad, en un pequeño país. Empecé a hacer estas piezas experimentales como una forma de esquivar la autoridad y no adjuntar mi graffiti a ningún nombre específico. Quería que las piezas mantuvieran esa estética sucia de graffiti, pero nunca me gustó cómo resultaron. Cuando empecé a pintarlas en los trenes, simplemente funcionó. Algo acerca de la presión y el no tener tiempo para pensar hizo que se fueran.

Diría que es más abstracto que el graffiti, pero es divertido tirar la pintura. No hay nada planeado y esa es la belleza de esto, es que puedes pintar algo y no tiene que ser bueno o malo.

-¿Lo mejor y lo peor de toda esta experiencia?
Lo mejor – las pibas
Lo peor – las bromas chistosas que ninguna de las pibas entiende.

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