Teazer es un veterano escritor de graffiti de Australia, cuya pasión por el arte le ha llevado a viajar por todo el mundo y pintar con algunos de los nombres más importantes de la escena. Siempre fue un tipo competitivo y eso estuvo a punto de acabar con él, cómo nos explica en esta entrevista.
Tras un intento fallido de contactar con él debido a las intensas inundaciones en Nueva Gales del Sur, MTN World consiguió mediante videollamada que nos hablara de su dedicación al graffiti y de las consecuencias que ese estilo de vida ha tenido para su salud.


¿Dónde vives, Teaz?
Estoy en Byron Bay, cerca de la Costa de Oro. Estamos sufriendo desastres naturales con inundaciones de unos tres metros. Algunas de las casas cercanas quedaron destrozadas. Mi coche se ha averiado.
Ha sido un ejercicio de supervivencia. Todo se tenía que pagar en efectivo, no había gasolina, ni comida. Por suerte, teníamos algunas raciones acumuladas. Tiempos locos.

…me fui y pensé en hacer una desintoxicación de metales pesados. Evitando el estrés pues siempre me ha movido la adrenalina: bebía mucho café, conducía como un loco. Es la naturaleza competitiva que tengo. Tuve que replantearme muchas cosas.»

Has viajado bastante, ¿verdad?
Me encanta viajar y tengo la necesidad de pintar vaya donde vaya. Nunca podría ir de vacaciones y sentarme en una playa.
¿Pintas mucho?
En comparación con la mayoría de la gente, pinto mucho. En los últimos dos años he bajado el ritmo, pero a pesar de eso he hecho unas 30 obras. He disfrutado al hacer producciones añadiendo un personaje. Esas piezas de formato cuadrado. Instagram ha cambiado mi forma de ver el graffiti.
También he estado aprendiendo a tatuar. El graffiti y el tatuaje son un vehículo para abrir puertas y llevarte por el mundo y presentarte a la gente. Nunca hubiera soñado de niño que acabaría conociendo a algunos de mis héroes del graffiti.

¿Hay alguien que destaque para ti?
Sí. En 2011 estuve en Europa y me encontré con Can Two, y me quedé con él un par de semanas, hicimos un par de producciones juntos. Ese fue uno de los momentos favoritos de mi carrera.
También Bates. Fui a Malmö, en Suecia, y Bates organizó un muro cerca del puerto en las vías del tren. Habían unos trenes antiguos que pasaban junto al agua. Era alucinante.

¿Quiénes fueron tus influencias locales al empezar?
Solía pintar mucho con reyes como Atome y Dmote. Tipos como Puzle, algunos de los reyes de la vieja escuela de Melbourne como Paris y Peril. Pero siempre miraba a Europa. Era una locura, sentía una energía especial allí. La gente estaba haciendo producciones increíbles y apostando por el arte. Eso era lo que siempre me interesaba.
A lo largo de los años he pintado con algunos compañeros, como Spice, la reina de la vieja escuela de Australia. Me enseñó un montón de cosas sobre la representación de fondos y personajes y cosas así. Tiene un sentido del color muy sofisticado.
Pintar con Atome durante años me hizo centrarme en mis letras y dibujar más. Dejar que las letras tuvieran prioridad.

«Ahora estoy en mis cuarenta y pinto para mí mismo. No tengo nada que demostrar. He intentado perseguir la fama, pero es una carrera interminable. Nunca fui feliz. No sé qué tipo de peaje me habrá pasado la pintura.»

Háblame de lo que has vivido en los últimos meses.
He tenido una época bastante agitada en los últimos años. Hace tres años, mi mujer y yo nos separamos. Eso me destrozó. Desde entonces, he tratado de recuperarme.
Hace cuatro meses, sucedió. Hay un faro en Byron Bay donde voy a correr dos o tres veces por semana. Siempre he cuidado mi forma física. Llevo 20 años limpio y sobrio y me ayuda a regular mis emociones sin usar drogas o alcohol para relajarme.
Entonces, un día estaba corriendo y todo el tiempo pensé que tenía acidez. Fui a por Anticol y me dirigí al gimnasio como suelo hacer después de correr. Siempre he ido a tope no sólo con la pintura o el entrenamiento sino con la vida en general. Empecé a marearme un poco y me di cuenta de que tenía problemas, así que me fui directamente al hospital.
Cuando llegué allí y dije que me dolía el pecho, se dieron prisa. En ese momento me dolía bastante. Llegué al hospital justo a tiempo.
Sospecharon que se trataba de un ataque al corazón y me hicieron un análisis de las enzimas de la troponina en la sangre. Un nivel saludable es de 60. El mío era de 2000. Me dijeron que había tenido un infarto importante. Me dije: «¿Qué carajo? Ni siquiera fue tan grave».
Terminé en el hospital durante seis días. Me llenaron de morfina y valium y me hicieron un montón de pruebas. Había sido un SCAD: una disección espontánea de la arteria coronaria. Una arteria se rompió bajo presión cuando corría hacia el faro. Es extremadamente raro. Mi madre biológica había muerto de un ataque al corazón a los 55 años, así que estaba cagado. Me sentí muy mal una vez que descubrí lo que pasaba. Nunca había dudado de mi cuerpo.
Como he dicho, he estado limpio durante 20 años. En su día, fumaba hierba a los 12 años. Salí de fiesta y le di con fuerza hasta que tuve 25 años. No sé qué daño hizo eso. A eso súmale los metales pesados en la pintura, los conservantes en los alimentos, con lo que sea que rocían los cultivos.
He pintado mucho en los últimos 20 años. He pasado los siete días de la semana en las paredes. Hacía una pieza nueva cada quince días. Siempre me he esforzado, pero siempre he sentido una carencia. Siempre quise probarme a mí mismo, sobre todo a los 30 años.
Ahora estoy en mis cuarenta y pinto para mí mismo. No tengo nada que demostrar. He intentado perseguir la fama, pero es una carrera interminable. Nunca fui feliz. No sé qué tipo de peaje me habrá pasado la pintura.

¿Qué recomendaciones te dieron los médicos?
Siempre he tenido asma desde que era un niño. Los sprays contienen un ligero esteroide que podría haber influido. Así que me alejé y pensé en hacer una desintoxicación de metales pesados. Evitando el estrés pues siempre me ha movido la adrenalina: bebía mucho café, conducía como un loco. Es la naturaleza competitiva que tengo. Tuve que replantearme muchas cosas.
Fue surrealista salir de allí y sobrevivir. Al principio no querían asustarme, pero al final me dijeron que tenía un 90% de posibilidades de morir. Me dije: «Joder. Guau».
Siento que sigo aquí por alguna razón. Estoy trabajando con niños, además de pintar y tatuar. Estoy tratando de estar más para mi familia. No quiero estar sólo corriendo, corriendo, corriendo… Porque si no, tendré 80 años y me preguntaré: «¿He disfrutado realmente de la vida en el ahora?»

Lee aquí el reportaje sobre el Festival Surface de Tim Phibs en Canberra.

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